domingo, 17 de agosto de 2008

MIRADA DE LA EDUCACIÓN DESDE LA IGLESIA CATÓLICA. 2008


INTERESANTE DOCUMENTO DE ESTUDIO DOCENTE.

En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe?
La emergencia educativa que ha detectado el Papa Benedicto XVI.

En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe?Benedicto XVI nos está pidiendo insistentemente que reaccionamos ante lo que él considera como una verdadera “emergencia educativa”. El pasado 29 de mayo, ante la 58º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana, el Papa recalcó en su discurso que la causa de la "fuertemente advertida emergencia educativa" es "un relativismo penetrante y no raramente agresivo" que marca la sociedad y la cultura. Ya el 17 de abril, en su encuentro con los educadores católicos norteamericanos, el Santo Padre, consciente de los peligros que acarrea la creciente secularización, nos había emplazado a combatir sin complejos el relativismo :“la ideología secularista introduce una cuña entre verdad y fe. Esta división ha llevado a la tendencia de equiparar verdad y conocimiento y a adoptar una mentalidad positivista que, rechazando la metafísica, niega los fundamentos de la fe y rechaza la necesidad de una visión moral”. El 21 de enero de 2008, Benedicto XVI escribía una Carta a la Diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación en la que manifestaba su preocupación ante esta calamitosa situación: “no podemos menos que interesarnos por la formación de las nuevas generaciones, por su capacidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal, y por su salud, no sólo física sino también moral”. “Es especialmente inquietante – nos advierte Benedicto XVI – la reducción de la preciosa y delicada área de la educación sexual a la gestión del “riesgo”, sin referencia alguna a la belleza del amor conyugal”. Para el Papa nuestras escuelas “han de ser lugares en los que se reconoce la presencia activa de Dios en los asuntos humanos”. Y para ello, en la citada Carta a la Diócesis de Roma, Benedicto XVI resalta “algunas exigencias comunes de una educación auténtica”: 1) Una escuela católica debe educar con amor. La auténtica educación católica, “ante todo, necesita la cercanía y la confianza que nacen del amor”. "Obviamente son sobre todo importantes las relaciones personales y especialmente la confesión sacramental y la dirección espiritual", subrayaba, en este sentido, el Papa ante la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana el pasado mes de mayo. 2) La escuela católica debe trabajar para que los niños y jóvenes descubran la verdad:“sobre todo la verdad que puede guiar la vida”. 3) La escuela católica debe ser exigente y forjar la voluntad y el espíritu de sacrificio de los alumnos. Debemos enseñar a los jóvenes – señala Benedicto XVI – que “el sufrimiento forma parte de la verdad de nuestra vida. Por eso, al tratar de proteger a los más jóvenes de cualquier dificultad y experiencia de dolor, corremos el riesgo de formar, a pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas, pues la capacidad de amar corresponde a la capacidad de sufrir, y de sufrir juntos”. 4) El Papa considera que el punto quizá más delicado de la obra educativa es “encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad”. Para lograr este delicado equilibrio, el Santo Padre considera imprescindible que los profesoresejerzan la autoridad, “fruto de su experiencia y de su competencia”; autoridad que ellos mismos deben ganarse “sobre todo con la coherencia de la propia vida y con su implicación personal, expresión del amor verdadero. Por consiguiente, el educador es un testigo de la verdad y del bien” . 5) El Santo Padre considera que una auténtica educación debe enseñar el valor de la responsabilidad, tan íntimamente unida al ejercicio de la libertad: “La responsabilidad es, en primer lugar, personal; pero hay también una responsabilidad que compartimos juntos, como ciudadanos de una misma ciudad y de una misma nación, como miembros de la familia humana y, si somos creyentes, como hijos de un único Dios y miembros de la Iglesia”. 6) Por último, la escuela católica debe saber transmitir a sus alumnos la esperanza cristiana: “Sólo una esperanza fiable puede ser el alma de la educación, como de toda la vida. Hoy nuestra esperanza se ve acechada desde muchas partes, y también nosotros, como los antiguos paganos, corremos el riesgo de convertirnos en hombres "sin esperanza y sin Dios en este mundo", como escribió el apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso (Ef 2, 12). Precisamente de aquí nace la dificultad tal vez más profunda para una verdadera obra educativa, pues en la raíz de la crisis de la educación hay una crisis de confianza en la vida”. En el discurso ante los educadores católicos norteamericanos, Su Santidad recordaba lo que debe ser una verdadera escuela católica: “ cada institución educativa católica es un lugar para encontrar a Dios vivo” . Y en ese discurso el Papa nos lanzaba una serie de cuestiones que deben resonar en nosotros a la hora de dilucidar la autenticidad de la identidad católica de nuestras escuelas: “¿Creemos realmente que sólo en el misterio del Verbo encarnado se esclarece verdaderamente el misterio del hombre (cf. Gaudium et spes, 22)? ¿Estamos realmente dispuestos a confiar todo nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente y corazón, a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe? ¿Se expresa fervientemente en la liturgia, en los sacramentos, por medio de la oración, los actos de caridad, la solicitud por la justicia y el respeto por la creación de Dios? Solamente de este modo damos realmente testimonio sobre el sentido de quiénes somos y de lo que sostenemos”. Leyendo al Santo Padre, cada vez estoy más convencido de la urgente necesidad de renovar la escuela católica en España. El propio Papa nos impulsa y nos guía con su autoridad y magisterio para abordar esta inaplazable labor. Para conocer la fuente que ha proporcionado el contenido de este artículo:
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